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Utilizar famosos en la publicidad del juego online manda un mensaje engañoso a nuestros adolescentes

Tenistas que coleccionan títulos de Grand Slam, cantantes que abarrotan estadios en sus recitales, actrices que levantan pasiones. Las empresas de juegos de azar ‘on line’ tienen claro el elenco de rostros con el que transmitir sus contenidos publicitarios. Personalidades que encarnan la figura del triunfador. Todo muy legítimo si no fuera porque el público al que se dirigen está integrado eminentemente por menores de edad, que forran sus carpetas con el deportista invencible, que cuelgan en sus cuartos pósters de la actriz deseada, que ponen en su móvil la melodía del cantante de moda. Una estrategia certera para seducir a futuros jugadores en cuestión de años, quizás meses.

Celebridades que trasladan un mensaje sobre un «estilo de vida de éxito» en un entorno de «glamur, belleza» y dinero fácil, según expuso la coordinadora de la Unidad de Juego Patológico del Hospital de Bellvitge, Susana Jiménez, en la jornada de debate La publicidad del juego en línea y los menores de edad, que acogió el Consell de l’Audiovisual de Catalunya. O equipos de fútbol que llevan el patrocinio de una web de apuestas en la camiseta, a la vista de espectadores de toda edad y condición. Chicos que reciben el mensaje en un momento en el que se reduce sensiblemente «la percepción de riesgo que tiene un adulto», que interpretan el juego como una «actividad excitante y placentera», contribuyendo a reducir la edad de inicio en estas prácticas, según la psicóloga. Y reforzó esas conclusiones con un estudio canadiense que revela que el 42% de adolescentes dicen sentirse «muy atraídos» por la publicidad del juego.

PRÁCTICAS DE RIESGO

Al riesgo al que se ven expuestos los chavales deben añadirse las consecuencias de un vacío legal que les deja expuestos a los efectos de una publicidad cada vez más agresiva y más presente en todos los soportes disponibles, según constatan los expertos. Un escenario que contrasta con la «hiperregulación» que rige el juego presencial, según Eduardo Antoja, vicepresidente ejecutivo de la Confederación Española de Empresarios del Juego (Cofar).

Antoja se mostró especialmente crítico con la tarea de la dirección general de Ordenación del Juego, a la que acusó de no atender al consejo asesor de expertos, del que él forma parte. Y aludió a prácticas de riesgo con las que las autoridades transigen, como los juegos gratuitos, en los que se acepta la presencia de menores, posibilitando que se familiaricen con un entorno de riesgo y comiencen a desarrollar las bases de un patrón adictivo.

Una omisión legal que se agrava al confluir con un entorno social en el que los jóvenes perciben cómo «prima la opulencia» y en el que el éxito está disociado de «los valores personales y el esfuerzo», en palabras de Francesc Perendreu, presidente de la Asociación Catalana de Adicciones Sociales (Acencas). Esta perspectiva se convierte en todo un filón publicitario para las operadoras digitales del sector del azar. «Los anuncios muestran una imagen irreal, cuando no fraudulenta, como la de una web de póquer ‘on line’ cuyo slogan era Entra, juega y gana… ¡Como si no se pudiera perder!», lamentó Perendreu.

El terapeuta remarcó la necesidad de velar por el impacto que la publicidad de los juegos de azar en el ciberespacio tiene entre los menores al recordar que la adicción en el ámbito presencial se desarrolla «en una media de unos cuatro años, el doble de tiempo» del que representa el periodo habitual en el mundo digital.

Jiménez completó el enfoque al detallar que las especificidades del juego ‘on line’ han diversificado los perfiles de jugador patológico, «más jóvenes y con más formación». Por todo ello urgió a las autoridades a seguir el ejemplo del alcohol y el tabaco para regular el impacto publicitario en un sector que representa un alto riesgo para el bienestar de los adolescentes.

Mariano Chóliz, profesor de Psicología de la Universidad de Valencia, abundó en la apreciación de Jiménez al recordar que los trastornos del juego en internet son más difíciles de detectar, al disponer de todas las facilidades para desarrollar una conducta compulsiva en casa, lejos de las miradas de extraños. Un factor que explica «porqué cada vez hay más mujeres adictas al juego» e ilustra la necesidad de establecer mecanismos de prevención entre los jóvenes y otros colectivos vulnerables.

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